Desde hace algunos años estamos inaugurando nuevos lenguajes. Lenguajes donde palabras como ‘orgánico’, ‘sustentable’, ‘cambio climático’ o ‘aldea global’ se han hecho de uso común.
No es necesario darle muchas vueltas al tema de cómo el ser humano afecta al planeta y viceversa. Hay fenómenos visibles para cualquiera, más allá de si uno se siente alarmado o resignado frente a una potencial (o segura) catástrofe ambiental, indiferente, o bien esperanzado en un cambio posible y deseable.
La permacultura es un planteamiento nuevo o quizá un planteamiento antiguo con nuevos elementos técnicos. El término proviene de una contracción entre las palabras “permanente”, “agrícola” y “cultura”; por un lado hace referencia a la posibilidad de una agricultura sustentable en el tiempo (permanente), pero a la vez apunta a la creación de una “cultura de lo permanente”.
Podría plantearse a la permacultura como el nuevo ecologismo… ¿y qué tiene de nuevo?... Que además de la noción (y las técnicas) de cuidado de la naturaleza, se incorpora fuertemente la noción de diseño: desde cómo crear viviendas ecológicamente sustentables a incluso el diseño de ciudades completas. Este diseño se basa en la persistente observación de cómo funciona la naturaleza, las asociaciones cooperativas entre especies (vegetales, animales), y el proceso a través del cual los ecosistemas van madurando. De hecho, es un ecologismo creado más por diseñadores que por biólogos, investigadores que se han dedicado a observar las relaciones y establecer cuál es la mejor manera de armonizar con la naturaleza y aprovechar las sinergias que se dan en ésta.
Pero eso no es todo: está también la ética de las relaciones humanas. Como se busca generar una “cultura de lo permanente”, se parte de la base de la necesidad de restablecer equilibrios en las relaciones entre individuos. No es posible pensar en permanencia cuando la relación se basa en la competencia o la franca explotación. Por ello, se privilegia las relaciones cooperativas, el comercio justo, intercambio directo (menos intermediarios) y el trueque.
La permacultura viene a ser como el nuevo sueño del pibe, el
nuevo hipismo, el anhelo de los románticos soñadores que queremos cambiar el
mundo. Sólo que ahora el tema no es ideológico ni de sueños - porque hemos descubierto que el
cambio pasa por dentro y por las prácticas, porque la política ya está demasiado llena de discursos
y acciones incoherentes. También que contamos ahora con muchos más recursos que
antes: una conectividad impensable hace 40 años a través de


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